lunes, 8 de diciembre de 2008

EL MEJOR JUGUETE DEL MUNDO


No recordaba que hubiera allí antes una juguetería. Seguramente era una de esas tiendas ocasionales que ponía alguna organización benéfica para recaudar fondos con la venta de juguetes. A lo mejor hasta tenían juguetes usados; eso estaría muy bien porque él no podía gastarse mucho dinero. No tenía ni idea de qué podía comprar. Tendría que ser algo barato, muy barato. A ver si el dependiente le echaba una mano.

La regulación de empleo lo había alcanzado de lleno. No era una metáfora lo del ladrillo; con el desplome de la construcción, las primeras fábricas que se habían visto afectadas habían sido, precisamente, las de ladrillos y, dentro de ellas, el personal con menor antigüedad no había tardado demasiado en recibir la carta de despido. Ahora tendría unos meses de paro, la posibilidad de algún curso de reciclaje… ¿y luego?

Era su primera tarde sin trabajo. Después de la comida, se habían sentado los tres ante el televisor, en silencio. Al niño le habían dicho que su papá tenía también vacaciones y el pequeño estaba encantado, maravillado ante el desfile de juguetes por la pequeña pantalla que estaba disfrutando en compañía de sus padres. Entretanto, él se preguntaba con angustia cómo podría estirar la paga para comprarle algún juguete a su hijo sin que la precaria economía doméstica se desmoronara antes de tiempo.

- ¿Cómo me porté este año?

La pregunta los había pillado a los dos desprevenidos. La verdad era que tenían un hijo maravilloso.

- De maravilla. No nos diste ningún disgusto, fuiste siempre obediente y siempre comiste todo lo que te pusieron en el plato.

- Entonces, los Reyes tendrán que traerme un buen regalo…

Él había sentido cómo la mano de su mujer se crispaba contra la suya. Estuvo a punto de contarle a su hijo que se acababa de quedar en el paro pero al ver el rostro ilusionado del niño no tuvo valor para hacerlo, así que lo estrechó contra su pecho mientras le decía:

- Pues claro que te traerán un buen regalo; el que se merece el mejor hijo del mundo: ¡el mejor regalo del mundo!

- ¿El mejor regalo del mundo? –el niño lo miró sorprendido- ¿Y cuál es?

- Ya lo verás cuando lo tengas; ahora sigue mirando la película que papá y mamá van a recoger la mesa…

Y allí estaba él, en la tienda de juguetes, como en una nube, confuso, avergonzado, arrepentido ya de haber entrado. Estuvo a punto de dar la vuelta, pero el tono amable del dependiente lo tranquilizó.

- ¿Puedo ayudarle?

- Verá, estoy buscando un juguete para mi hijo, solo que…
Levantó la vista hacia el dependiente y se encontró con la mirada amigable del personaje, un hombre ya mayor, de barba blanca; el representante ideal de Papá Noel.

- Lo cierto es que no puedo gastar mucho dinero; quisiera algo barato…

- Veamos –lo animó el clon de Santa Claus- ¿con qué presupuesto contamos?

- Pues no sé… lo menos posible, quizá… ¿un euro?

Se preparó para soportar la carcajada del dependiente o, peor aún, que lo echaran fuera de la tienda con cajas destempladas. Pero, evidentemente, el doble de Papá Noel era todo un profesional de las ventas.

- ¿Un euro? Veamos… con eso, puede usted comprarle a su hijo el mejor regalo del mundo!

Y el hombre le tendió una pequeña caja con una espátula de madera.

… … …

La noche de Reyes nadie tenía sueño: el niño por la emoción, los padres por la angustia. Por fin, una vez que el pequeño cayó vencido por el sueño, ellos prepararon la mesa del mejor modo posible. La espátula estaba envuelta en un papel dorado que le confería un cierto aire de magia. Además, el padre se había acercado a la fábrica para recoger un reluciente bloque de arcilla que el chico pudiera modelar y la habían envuelto en plásticos de colores. No se olvidaron de colocar las tres tazas manchadas de café y la jarra con un resto de agua, como si los tres Reyes se hubieran detenido en el comedor de su casa para tomarse un respiro en la noche y abrevar a sus camellos.

Tardaron mucho en dormirse por eso, cuando la mañana de Reyes ya iba avanzada, ellos aún estaban durmiendo. Y hubieran seguido de no ser por el niño que irrumpió feliz en el dormitorio, manchado de barro, con la espátula de madera en la mano derecha y, en la izquierda, la figura de un Rey Mago modelada en arcilla.

- ¡Es cierto, es cierto! –exclamó el pequeño sin más preámbulo-. ¡Es el mejor juguete del mundo!

Los padres se restregaron los ojos y, por fin, le preguntaron:

- ¿Y por qué dices eso?

- Ya hice un perro, un avión, una casa, un coche, este rey… y puedo hacer todo lo que se me ocurra.

- ¡Vaya! –exclamó el padre aliviado-. Pues sí que parece interesante.

- Pero lo mejor es otra cosa…

- ¿Qué es?

- Lo mejor es que, si algo te sale mal, siempre puedes arreglarlo quitando o poniendo un poco de arcilla y, al final, sale lo que quieres.


Los padres se miraron en silencio. Por fin, el salió de la cama y tomó a su hijo por los hombros:

- Vamos allá, tienes que explicarme cómo se juega con esto. Voy a hacer una cosa con tu arcilla.

- ¿Qué quieres hacer, papá?

- Voy a modelarme un futuro. Y no pararé hasta que lo consiga.

Y no le resultó difícil. Al fin y al cabo, contaba con la herramienta mejor del mundo: su empeño.

Con mis mejores deseos para estas fechas y para el año 2009

Ramiro J. Álvarez




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