miércoles, 6 de mayo de 2015

CUTTING

celebrities, automutilación en adolescentes y su riesgo de contagio

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“Belinda tiene 16 años y una depresión adolescente por motivos que no son el caso enumerar. Esa soleada tarde, mientras sigue desgranando su historia, se levanta una manga y veo unas cicatrices que dejan entrever un Cut4Zain (Córtate por Zayn). Asombrada, le preguntó si es lo que pienso que es y desde cuándo lo esta haciendo y quién es ese Zayn… ¿no lo sabes? ¿ erá posible que seas la única en el Universo que no lo sepas? ¡Se ha ido! Le intento hacer entender que no sé de que me esta hablando y que ya sabía que era un bicho raro pero ¿quién es este dichoso Zayn y dónde se ha ido? Pero, ¡soy una directioner!…”
Seguramente, están entendiendo tan poco como yo esa tarde. Zayn Malik, uno de los componentes del grupo musical One Direction, anunció hace unas semanas su repentina despedida sin dar a conocer los motivos, lo que hizo entrar en una histeria total a sus directioners(seguidoras). Así que no tuvieron mejor idea que propagar el hashtag #Cut4Zain (Córtate por Zayn)” para invitarse unas a otras a través sobre todo de twitter -pero también de otras redes sociales- a publicar fotografías donde aparecen con cortes en los brazos y escriben mensajes para su ídolo con su propia sangre. Uno de estos mensajes decía “Cuanto antes cortes, más rápido volverá Zayn. ¡Yo ya lo hice!” ¡Hazlo”!,  mientras muestra su brazo con varios cortes recién hechos.
cut4zayn automutilacion adolescentes
Foto subida por un usuario de twitter con el hashtat #cut4zayn
Otro de los mensajes decía “si mis lágrimas no son suficientes, quizá mi sangre lo sea” o “si Zayn no regresa, yo moriré”. Hasta el momento, ni One Direction ni Malik han expresado su opinión sobre estos hechos aunque la preocupación entre los padres de estas chicas aumenta, ya que ,muchas de ellas, ya son víctimas de una depresión.
A pesar de ello, existen importantes y conocidos precedentes siendo uno de los fenómenos en masa más importantes las “beliebers”, conocidas por ser seguidoras de Justin Bieber pero, también, por haber visto y revisto el vídeo hecho por la actriz de Camp Rock, Demi Lovato que, según los medios de comunicación de USA, sigue desde hace años un tratamiento psicólogico debido a sus desordenes emocionales causados por sus autoagresiones – se corta en las muñecas- así como a sus trastornos alimentarios. Tras la salida del video, numerosas “beliebers”, empezaron a autoagredirse, especialmente, si además tenían características similares a las que la familia Lovato contó en la revista People: Demi sufrió bullying escolar y presentaba dismorfofobia. 
No son los únicos casos: Drew Barrymore- aquella niñita dulce de ET- a los 9 años consumía alcohol y a los 12 años, cocaína. Confesó que “era infeliz la mayoría del tiempo, me aislaba mucho” y que odiaba su cuerpo, sobre el cual descargaba toda su rabia, especialmente cortándose en unos brazos a los que consideraba “gordos”. Johnny Depp fue fotografiado varias veces con grandes cicatrices en sus brazos, los cuales se cortaba con un cuchillo. Angelina Jolie, que actualmente tiene una de las familias más felices de Hollywood, se autoagredió de diversas maneras pero uno de los problemas más severos que enfrentó hace años fue cuando se tatuó en su vientre “todo lo que me alimenta, me destruye”, frase que se ha convertido, desgraciadamente, en lema para miles de personas que sufren anorexia y bulimia.
La lista es mucho más larga: Courtney Love (dijo una frase preocupante “Creo que la autodestrucción tiene mala fama, pero para mí está asociada al autoconocimiento, a la sensibilidad poética, a la empatía. Es una forma de liberalismo…”), Marilyn Manson ( “autolesionarse es en un hobby” preocupante”), Kelly Holmes, la corredor, ganadora de la medalla de Oro en los Juegos Olímpicos de Atenas, empezó a cortarse las muñecas y el pecho después de  que unas lesiones amenazarán con arruinar su carrera. “Pensé que estaba maldita y me corté. Me arrepiento“, dijo en una entrevista. 
Aunque la lista puede continuar y la podríamos alargar, nos podemos hacer una idea de cómo personas con cierta influencia social por aparecer de forma muy continuada en los medios de comunicación, en el cine, en la televisión o en las redes sociales, pueden ejercer un contagio tanto sobre adolescentes como sobre adultos del mundo entero que pueden mimetizar el comportamiento, creyendo que, de esta manera, atenúan el dolor que sienten ante una situación que no pueden controlar, que les sobrepasa o que, simplemente, se les ha ido de las manos.

Imágenes, vídeos, internet, self-injury y autoagresión

De hecho, imágenes y vídeos con adolescentes y jóvenes adultos autoagrediéndse están invadiendo internet, lo cual representa un enorme peligro para aquellas personas “frágiles” emocionalmente que, de esta manera, hallan una especie de “manual” para iniciarse en estas conductas. En esta situación, diversos expertos han advertido ya del peligro del ejemplo de las celebrities que sufren o han sufrido estos problemas. Tengamos en cuenta que, en algunos casos, se celebra como algo bueno o algo que se cree bueno y, por tanto, imitable.
En este último caso, da miedo asomarse a Youtube e ingresar en el buscador una palabra, aparentemente, sencilla; self-injury. El resultado que obtenemos son adolescentes o jóvenes adultos que nos cuentan cómo cortarse, quemarse alguna parte del cuerpo, clavarse algo, hacerse daño en la cara, las piernas o los genitales, perforarse la nariz o los labios, cortarse con vidrios el pecho…Esto que nos puede parecer aterrador, a Ud y a mí, para ellos es contar su dolorosa historia imprimiendo huellas en la piel, cada vez que les ocurre algo.
La alarma por casos como los vídeos en youtube “self-injury” o por las directioners, por poner dos ejemplos, ha crecido tanto que ya se cree que existe en ellos una apología de las autoagresiones, que puede producir que otras personas, en semejantes situaciones, encuentren, en estos dos casos, un espacio de imitación que haga que se expanda aún más, de la misma manera que ocurre con la bulimia y el acceso a contenidos que explican como evitar alimentos para “sacarse” calorías de encima.
Stephen Lewis, profesor asistente de Psicología de la Universidad de Guelph en Ontario ( Canadá), publicó una investigación sobre el tema en la revista Pediatrics. Contó que en el año 2009, fecha del estudio, se hallaron más de 5000 vídeos de autolesiones en Youtube. Su equipo seleccionó los 100 más vistos (observados una media de 2’3 millones de veces y, teniendo en cuenta, que el 80% eran accesibles al público general). Los  protagonistas de dichos vídeos e imágenes tienen una media de edad de 25 años y en un 95% de los casos son mujeres, aunque el investigador asegura “… Probablemente la edad sea menor (unos 14 años), tal y como han demostrado otros trabajos en los que se apunta que los adolescentes adoptan identidades de adultos para poder acceder a un mayor contenido en YouTube…” A su vez, subrayan que dichos contenidos sólo hacen que “… fomentar la normalización de estos actos y reforzar el comportamiento a través de la visualización regular de las imágenes…” puesto que son de acceso libre y frecuente.En el mismo reportaje, publicado por Pediatrics, se advierte de que la visulaización de dichos vídeos“representa una nueva tendencia alarmante entre los jóvenes y los adultos jóvenes y un problema importante para los trabajadores de salud mental. Estos vídeos pueden fomentar que este comportamiento se recomiende o normalice entre las comunidades de adolescentes y reforzar o exacerbar el riesgo de autolesionarse”.

¿Qué lleva a hacerse “cutting”?

Anteriormente,
ya publicamos un post denominado Adolescentes y automutilación: el placer en el dolor. Desde entonces, las automutilaciones se han ido convirtiendo en un fenómeno de contagio –tal y como estamos viendo. Actualmente, hacerse “risuka” o “cutting” puede convertirse en un hábito, igual que ducharse o comer, incluso se ha convertido en una práctica “de moda” entre quienes desvirtúan la delgada línea que existe entre el dolor y el placer porque aquello que duele  físicamente, de una forma específica, puntual, el cerebro lo llega a asimilar como el alivio perfecto para el dolor emocional, inespecífico, difuso.
Sin embargo, el cutting no es un juego y, por tanto, no podemos permitir que se convierta en una moda ya que jugar a “cortarse” pone en riesgo la vida y la salud mental de quienes encuentran placer al momento de lastimar su cuerpo.
Por lo general, este tipo de conductas surgen en la adolescencia, debido a los cambios, tanto físicos, psicológicos, familiares, sociales, a los que se somete el joven, obligándolo a buscar un remedio para sentirse liberado de estas presiones. Al principio son cortes muy pequeños pero conforme pasa el tiempo lo hacen con más frecuencia y ante cualquier situación estresante. Por lo general, cargan con algún objeto filoso y ocultan sus heridas con playeras de manga larga, muñequeras o pulseras. La mayoría de las veces, las personas que lo practican son retraídas y no suelen expresar sus sentimientos; están la mayor parte del tiempo a la defensiva y son sumamente solitarios.
Sienten culpa y vergüenza por lo que hacen, por eso suelen ocultar su cuerpo para que nadie vea sus heridas. Suelen ser personas inseguras y retraídas, sensibles al rechazo, depresivas, irritables y con problemas para comunicarse y controlar sus impulsos

¿Por qué se cortan los jóvenes?

Hace un año, un grupo de investigadores belgas y británicos elaboró un estudio –publicado en el British Journal of Clinical Psychology – sobre los factores predisponentes a la automutilación y la personalidad protectora del cutting. Estudiaron 490 adolescentes de entre 16 a 19 años “…Los trabajos teóricos y clínicos indican que, primeramente, la autolesión constituye una estrategia para regular las emociones. También cumple con el papel de solicitar ayuda a los demás..”,explicó la autora principal de la investigación.
A partir de los datos obtenidos, formularon tres hipótesis acerca de los mecanismos por los que se produce el cutting; la anulación de las emociones no deseadas para impedir la entrada de sentimientos intolerables, hacer que la emoción se convierta en un dolor específico al cortarse y la liberación de endorfinas – tras el cutting- lo que produce una analgesia que conlleva sensación de bienestar.Por tanto, las autolesiones, actuarían como mecanismo regulador de las emociones. Los resultados de la investigación informan que un 27% de los estudiantes reconoció haberse autolesionado deliberadamente, con cortes, quemaduras o tomando una sobredosis de drogas.
Los investigadores subrayan que un 65% de los que dijeron que se  autoagredían padecían síntomas de depresión. Además, los que más se automutilan son los que tienen puntuaciones más bajas en inteligencia emocional, los que peor se adaptan a las situaciones, más se autocritican y más sentimientos de culpabilidad tienen.

i love zayn¿Cuál es el trastorno psicológico más común que presentan?

Generalmente, tanto en adolescentes como en jóvenes adultos,  esta relacionado con un padecimiento severo que es el Trastorno Obsesivo Compulsivo o un Trastorno Depresivo, un Trastorno Bipolar, un Trastorno de la conducta alimentaria. También, pueden ser un signo de trastorno de control de los impulsos o de problemas con el alcohol o las sustancias de abuso.
A pesar de ello, algunas de las personas que hacen cutting no es sólo por el contagio de las celebrities sino porque han sufrido experiencias traumáticas como abuso sexual, violencia doméstica o, raramente, han sido victimas de una catastrófe: de lo que sí son víctimas es del trastorno por estrés postraumáutico, y el cutting es una manera de volverse a infligir el dolor del pasado como forma de expresar toda su rabia o intentando controlar ese pasado que ya se fue.
Sin embargo, los adolescentes, se suelen encontrar en una fase de transición, donde presentan unTrastorno Adaptativo a un contexto social diferente o dónde debe afrontar problemas nuevos, a los que no están acostumbrados y, así, encuentran en el cutting una manera irracional para “solucionar” un problema emocional al compensarlo con un dolor físico que sí pueden controlar .Esta “moda” se les ha ido de las manos y ahora se refugian en ella para encontrar una supuesta “solución” a todo aquello que les pueda ocurrir: desde el bullying hasta la separación de sus padres, problemas familiares o en las relaciones interpersonales, sexualidad, conflictos consigo mismo/a…

El largo y difícil camino hacia la solución

1. Negación: Es el primer síntoma de que alguien está atrapado en el cutting ; hay que hacerle notar que hay diferentes formas para tratar el dolor, la ansiedad,  que no dude en acercarse a los padres pero que hay especialistas que pueden ayudarte a salir del problema.
2. No es cierto que el tiempo lo soluciona todo, al contrario, empeora la situación: En la mayoría de los casos, cuando un familiar es descubierto automutilandose, la familia prefiere mantenerlo en secreto y dejar que el tiempo lo resuelva. Sin embargo, especialmente en casos severos o repetitivos, es muy importante que sean dirigidos por especialistas para recibir el tratamiento adecuado tan pronto sea posible. 
3. Ligas en la muñeca en lugar de cutters: si no encuentras una manera de externar tus sentimientos y ya no quieres cortarte, puedes tomar una liga y ponértela como pulsera, cuando sientas la necesidad de cortarte,  date un ligazo en la muñeca. No aparecerá sangre pero, mientras buscas ayuda, servirá.
4. Relajación. Cuando estés nervioso, con ganas de practicar cutting, puedes salir a hacer ejercicio, puedes romper muchos pedazos de papel o cualquier cosa que te relaje.
5. Cómo tratar a un amigo que se corta. No se puede obligar a una persona que se autolesiona a dejar de hacerlo. No sirve de nada enfadarse mucho con un amigo porque se corta, rechazarlo, darle un sermón o pedirle que deje de hacerlo.A un amigo que se corta hay que hacerle saber lo mucho que te importa, que merece estar sano y ser feliz y que nadie tiene que afrontar sus problemas a solas.
6. Explícaselo a alguien. Las personas que han dejado de cortarse suelen decir que lo más complicado es admitir que uno se corta o hablar con alguien sobre ello. Pero también afirman que después de hacerlo, experimentaron un gran alivio. Elige a alguien de confianza para hablar por primera vez del tema (uno de tus padres, un orientador de tu colegio, un profesor, un entrenador, un médico o un enfermero). Si te resulta demasiado difícil hablar sobre el tema, escríbelo en un papel.
7. Pide ayuda. La mayoría de personas que experimentan dolores emocionales profundos necesitan trabajar con un  profesional de salud mental para elaborar sus sentimientos, sanar las heridas del pasado y aprender mejores maneras de afrontar las tensiones de la vida. Una forma de encontrar un buen profesional de salud mental o terapeuta es pedir información a tu médico, tu centro de estudios o una clínica de salud mental de tu localidad.
A pesar de que hacerse cutting puede ser un hábito difícil de romper, es posible acabar con él. El hecho de que una persona busque ayuda profesional para superar un problema no significa que sea débil ni que esté loca. Los terapeutas nos hemos formado para ayudar a las personas a encontrar en su interior los puntos fuertes que les permitirán sanar. Posteriormente, podrán utilizar esos puntos fuertes para afrontar otros problemas que les plantee la vida de una forma saludable
Y, sobre todo, pensad: Zayn, Demi, Marilyn, Drew, Johnny,Courtney… ¿se cortarían por vosotros?
Si estás en esta situación, eres familiar de alguien que sufre este problema o quieres comentarlo en privado, te recomendamos hablar con la doctora Dolors Mas, que ella te ayudará. Déjale tu consulta.

Sobre la autora de este artículo

Dolors Mas Delblanch psicologa siquia 150x150 El placer en el dolor: adolescentes y automutilaciónMaría Dolors Mas Delblanch es psicóloga en Badalona con Nº Colegiada 17222. 

FUENTE: siquia.com








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lunes, 4 de mayo de 2015

APOYO SOCIAL






Fragm. "Intervención Clínica y Psicosocial en el Anciano", pág 34-35, ICEPSS























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El circulo del 99



El circulo del noventa y nueve

Había una vez un rey muy triste que tenía un sirviente, que como todo sirviente de rey triste, era muy feliz. Todas las mañanas llegaba a traer el desayuno y despertar al rey contando y tarareando alegres canciones de juglares. Una gran sonrisa se dibujaba en su distendida cara y su actitud para con la vida era siempre serena y alegre. Un día, el rey lo mandó a llamar.

— Paje –le dijo— ¿cuál es el secreto?

— ¿Qué secreto, Majestad?

— ¿Cuál es el secreto de tu alegría?

— No hay ningún secreto, Alteza.

— No me mientas, paje. He mandado a cortar cabezas por ofensas menores que una mentira.

— No le miento, Alteza, no guardo ningún secreto.

— ¿Por qué estás siempre alegre y feliz? ¿eh? ¿por qué?

— Majestad, no tengo razones para estar triste. Su alteza me honra permitiéndome atenderlo. Tengo mi esposa y mis hijos viviendo en la casa que la corte nos ha asignado, somos vestidos y alimentados y además su Alteza me premia de vez en cuando con algunas monedas para darnos algunos gustos, ¿cómo no estar feliz?

— Si no me dices ya mismo el secreto, te haré decapitar – dijo el rey—. Nadie puede ser feliz por esas razones que has dado.

— Pero, Majestad, no hay secreto. Nada me gustaría más que complacerlo, pero no hay nada que yo esté ocultando…

— Vete, ¡vete antes de que llame al verdugo!

El sirviente sonrió, hizo una reverencia y salió de la habitación. El rey estaba como loco. No consiguió explicarse cómo el paje estaba feliz viviendo de prestado, usando ropa usada y alimentándose de las sobras de los cortesanos. Cuando se calmó, llamó al más sabio de sus asesores y le contó su conversación de la mañana.

— ¿Por qué él es feliz?

— Ah, Majestad, lo que sucede es que él está fuera del círculo.

— ¿Fuera del círculo?

— Así es.

— ¿Y eso es lo que lo hace feliz?

— No, Majestad, eso es lo que no lo hace infeliz.

— A ver si entiendo, estar en el círculo te hace infeliz.

— Así es.

— Y él no está.

— Así es.

— ¿Y cómo salió?

— ¡Nunca entró!

– ¿Qué círculo es ese?

— El círculo del 99.

— Verdaderamente, no te entiendo nada.

— La única manera para que entendieras, sería mostrártelo en los hechos.

— ¿Cómo?

— Haciendo entrar a tu paje en el círculo.

— Eso, obliguémoslo a entrar.

— No, Alteza, nadie puede obligar a nadie a entrar en el círculo.

— Entonces habrá que engañarlo.

— No hace falta, Su Majestad. Si le damos la oportunidad, él entrará solito, solito.

— ¿Pero él no se dará cuenta de que eso es su infelicidad?

— Sí, se dará cuenta.

— Entonces no entrará.

— No lo podrá evitar.

— ¿Dices que él se dará cuenta de la infelicidad que le causará entrar en ese ridículo círculo, y de todos modos entrará en él y no podrá salir?

— Tal cual. Majestad, ¿estás dispuesto a perder un excelente sirviente para poder entender la estructura del círculo?

— Sí.

— Bien, esta noche te pasaré a buscar. Debes tener preparada una bolsa de cuero con 99 monedas de oro, ni una más ni una menos. ¡99!

— ¿Qué más? ¿Llevo guardias por si acaso?

— Nada más que la bolsa de cuero. Majestad, hasta la noche.

— Hasta la noche.

Así fue. Esa noche, el sabio pasó a buscar al rey. Juntos se escurrieron hasta los patios del palacio y se ocultaron junto a la casa del paje. Allí esperaron el alba. Cuando dentro de la casa se encendió la primera vela, el hombre sabio agarró la bolsa y le pinchó un papel que decía: “Este tesoro es tuyo. Es el premio por ser un buen hombre. Disfrutalo y no cuentes a nadie cómo lo encontraste”.

Luego ató la bolsa con el papel en la puerta del sirviente, golpeó y volvió a esconderse. Cuando el paje salió, el sabio y el rey espiaban desde atrás de unas matas lo que sucedía. El sirviente vio la bolsa, leyó el papel, agitó la bolsa y al escuchar el sonido metálico se estremeció, apretó la bolsa contra el pecho, miró hacia todos lados y entró en su casa. Desde afuera escucharon la tranca de la puerta, y se arrimaron a la ventana para ver la escena. El sirviente había tirado todo lo que había sobre la mesa y dejado sólo la vela. Se había sentado y había vaciado el contenido en la mesa. Sus ojos no podían creer lo que veían. ¡Era una montaña de monedas de oro!

Él, que nunca había tocado una de estas monedas, tenía hoy una montaña de ellas para él. El paje las tocaba y amontonaba, las acariciaba y hacía brillar la luz de la vela sobre ellas. Las juntaba y desparramaba, hacía pilas de monedas. Así, jugando y jugando empezó a hacer pilas de 10 monedas: Una pila de diez, dos pilas de diez, tres pilas, cuatro, cinco, seis… y mientras sumaba 10, 20, 30, 40, 50, 60… hasta que formó la última pila: 9 monedas! Su mirada recorrió la mesa primero, buscando una moneda más. Luego el piso y finalmente la bolsa. “No puede ser”, pensó. Puso la última pila al lado de las otras y confirmó que era más baja.

— Me robaron –gritó— ¡me robaron, malditos!

Una vez más buscó en la mesa, en el piso, en la bolsa, en sus ropas, vació sus bolsillos, corrió los muebles, pero no encontró lo que buscaba. Sobre la mesa, como burlándose de él, una montañita resplandeciente le recordaba que había 99 monedas de oro “sólo 99”. “99 monedas. Es mucho dinero”, pensó. Pero me falta una moneda. Noventa y nueve no es un número completo –pensaba—. Cien es un número completo pero noventa y nueve, no.

El rey y su asesor miraban por la ventana. La cara del paje ya no era la misma, estaba con el ceño fruncido y los rasgos tiesos, los ojos se habían vuelto pequeños y arrugados y la boca mostraba un horrible rictus, por el que asomaban sus dientes.  El sirviente guardó las monedas en la bolsa y mirando para todos lados para ver si alguien de la casa lo veía, escondió la bolsa entre la leña. Luego tomó papel y pluma y se sentó a hacer cálculos. ¿Cuánto tiempo tendría que ahorrar el sirviente para comprar su moneda número cien? Todo el tiempo hablaba solo, en voz alta. Estaba dispuesto a trabajar duro hasta conseguirla. Después quizás no necesitara trabajar más. Con cien monedas de oro, un hombre puede dejar de trabajar. Con cien monedas un hombre es rico. Con cien monedas se puede vivir tranquilo. Sacó el cálculo. Si trabajaba y ahorraba su salario y algún dinero extra que recibía, en once o doce años juntaría lo necesario.

“Doce años es mucho tiempo”, pensó. Quizás pudiera pedirle a su esposa que buscara trabajo en el pueblo por un tiempo. Y él mismo, después de todo, él terminaba su tarea en palacio a las cinco de la tarde, podría trabajar hasta la noche y recibir alguna paga extra por ello. Sacó las cuentas: sumando su trabajo en el pueblo y el de su esposa, en siete años reuniría el dinero. ¡Era demasiado tiempo!
Quizás pudiera llevar al pueblo lo que quedaba de comida todas las noches y venderlo por unas monedas. De hecho, cuanto menos comieran, más comida habría para vender… Vender… Vender… Estaba haciendo calor. ¿Para qué tanta ropa de invierno? ¿Para qué más de un par de zapatos? Era un sacrificio, pero en cuatro años de sacrificios llegaría a su moneda cien.

El rey y el sabio, volvieron al palacio. El paje había entrado en el círculo del 99… …Durante los siguientes meses, el sirviente siguió sus planes tal como se le ocurrieron aquella noche. Una mañana, el paje entró a la alcoba real golpeando las puertas, refunfuñando y de pocas pulgas.

— ¿Qué te pasa? –preguntó el rey de buen modo.

— Nada me pasa, nada me pasa.

— Antes, no hace mucho, reías y cantabas todo el tiempo.

— Hago mi trabajo, ¿no? ¿Qué querría su Alteza, que fuera su bufón y su juglar también?

No pasó mucho tiempo antes de que el rey despidiera al sirviente. No era agradable tener un paje que estuviera siempre de mal humor.

Jorge Bucay


















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