La relación de pareja funciona mejor cuando hay un eje claro de liderazgo. No se trata de mandar ni de dominar, sino de sostener una dirección interna y no ceder el propio centro por miedo al conflicto o a la pérdida.
La conciliación es ideal cuando ambas partes tienen un nivel similar de conciencia y madurez. Cuando no es así, la ausencia de liderazgo suele dar lugar a dinámicas de manipulación, imposiciones emocionales o desgaste progresivo. En esos casos, o alguien ocupa el centro con claridad, o la relación se desordena.
Liderar en pareja implica:
- no permitir imposiciones egoicas o no razonables,
- poner límites con calma y firmeza,
- actuar desde la coherencia, no desde la reacción.
Este tipo de liderazgo no busca abusar ni imponerse, sino mantener el equilibrio y la seguridad en la relación. Cuando es auténtico y sereno, suele generar más respeto y estabilidad que la complacencia o la cesión constante.
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