Un informe certifica que el bisfenol A es cancerígeno. Y está por todas partes
Uno de los lugares donde se ha encontrado mayor cantidad de BPA es en las botellas de agua de plástico. (Corbis)
Héctor G. Barnés

10/04/2013 (06:00)
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Hace casi ochenta años, desde que fue descubierto, el bisfenol A se encuentra en el punto de mira de los profesionales sanitarios, pero nunca hasta este preciso momento los científicos se habían encontrado con tal cantidad de datos que refrendasen los peligros que dicho compuesto puede acarrear. El bisfenol A se encuentra en un gran número de productos que utilizamos en nuestra vida cotidiana ya que forma parte del plástico policarbonado, que conforma los envases de determinados productos alimenticios, los CD o, incluso, los biberones infantiles. Este mismo martes, la Agencia Nacional de Seguridad Sanitaria de Francia (Anses) ha publicado uno de los informes más alarmantes respecto al BPA, en el que asegura que puede ser altamente dañino para las generaciones venideras, especialmente en lo que respecta al cáncer de pecho. Se trata de un compuesto que, en mayor o menor grado, se encuentra en el organismo de todas las personas, y que se elimina a través de la orina.
Hasta la fecha, los Informes de Evaluación de Riesgo realizados por la Unión Europea señalaban, después de la evaluación de más de mil estudios, que no existe ninguna relación entre el compuesto y el cáncer. Sin embargo, la reciente investigación asegura que aquellos fetos que han sido expuestos en el útero a las mismas tasas de BPA que suele tener la población general tienen más posibilidades de sufrir cáncer de pecho cuando crezcan. El estudio señala que en un 23% de los casos, las mujeres embarazadas están expuestas a niveles del compuesto potencialmente peligrosos.
Un nuevo panorama legislativo
Los resultados de dicha investigación acaban de ver la luz pública, y quizá obliguen a rediseñar la legislación que sobre el compuesto existe en otros países como España, donde el pasado año la Fundación Vivo Sano pidió seguir el ejemplo francés y prohibir el BPA, ya que se trata, en su opinión, del “mayor disruptor endocrino”. La Unión Europea, hasta la fecha, solamente ha prohibido la fabricación de biberones infantiles con este compuesto, una medida aprobada en 2011. El reglamento comunitario vigente, el 10/2011/EU, indica que el límite de migración específico se encuentra en 0,6 mg/Kg.
¿Dónde se encuentra?
El estudio francés también señala cuáles son las principales fuentes de contagio del componente. La primera es la dieta, que supone el 84% de la exposición al BPA de la mujer embarazada. De ese porcentaje, alrededor de la mitad pertenece a la resinas epoxi que se obtienen de la reacción del bisfenol A con epiclorohidrina, que suelen estar presentes en un gran número de botes o envases en los que se comercializan los alimentos. Esto también ocurre con el agua embotellada. Sin embargo, se desconoce de dónde proviene entre el 25 y el 30% del BPA presente en los organismos de las mujeres analizadas. Debido a que forma parte de los plásticos policarbonados, el compuesto también puede ser encontrado en coches, aviones, gafas, utensilios médicos o barnices.
Una historia interminable
El bisfenol A se ha encontrado en el punto de mira de científicos y legisladores desde hace unos cuantos años, aunque aún no se haya conseguido llegar a un consenso definitivo sobre el tema, sobre todo en su relación con enfermedades tan diversas como las anteriormente nombradas o la pubertad precoz. En septiembre de 2008, un estudio publicado en el Journal of the American Medical Association señaló que aquellas personas con un mayor nivel de BPA en el organismo tenían un mayor riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y anormalidades en las enzimas hepáticas. En 2010, otro informe realizado por la Administración de Alimentos y Fármacos de Estados Unidos (FDA), que en el pasado se había mostrado escéptica respecto a los auténticos efectos del compuesto, intentó concienciar a los ciudadanos americanos y empresas productoras de los problemas asociados al BPA.
Al contrario que lo que ocurre actualmente en la Unión Europa, la organización considera que la inexistencia de riesgos sobre el bisfenol A está tan demostrada que no es necesario aplicarle ningún principio cautelar. Sea como sea, lo que está claro es que uno de los grandes retos que tiene la ciencia por delante durante los próximos años es averiguar el auténtico alcance de los efectos negativos de este compuesto.
FUENTE: EL CONFIDENCIAL
FUENTE: EL CONFIDENCIAL
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