martes, 25 de noviembre de 2008

El alma está en el cerebro


Eduard Punset

 A primera vista, parece bastante fácil distinguir qué es y donde está el alma. Los seres humanos tenemos imaginación, emociones y memoria: estas eran las tres facultades del alma, según el pensamiento antiguo.

Pero..¿donde está el alma? ¿donde se cobija? Algunos filósofos y teólogos de la antiguedad pensaban que el alma estaba en el corazón, y otros, entre ellos los primeros científicos, opinaban que el alma residía en el cerebro. Así que, al parecer, el alma se hizo carne.
Nuestra mente es lo que somos. Recuerdos, emociones y experiencias se acumulan en el cerebro fijándose en al uniones electroquímicas entre los millones de neuronas que contiene. Alma o psique cabe en el poco más de kilo y medio de tejido cerebral, el mismo que el filósofo Henry More describía como "esa deestructurada, gelatinosa e inútil substancia. Casi todos sus colegas pensaban como él. Y no era raro.
En la Inglaterra de mediados del siglo XVII, el alma es un principio inmortal e inmaterial que piensa, siente y rige el cuerpo; el cerebro, por el contrario, parecía una glándula de aspecto desagradable, y de irritante inutilidad. en ese momento histórico, alguien acuña la palabra "neurología". Thomas Willis (1621-1675), junto a un grupo de sabios, inauguró una nueva era: la "era neurocéntrica" en la que nos encontramos hoy, donde cerebro y mente son dos conceptos inseparables.
Willis estudió don detalle la estructura cerebral y propuso una nueva concepción de la mente: para él, pensamientos y emociones eran tormentas de átomos en el cerebro. De alguna manera, abrió el camino  teórico que habría de llevar al descubrimiento de los neurotransmisores varios siglos después. Si Descartes estaba equivocado, si no había espíritu y todo era materia, los males del alma serían necesariamente físicos. Willis propuso entonces que los trastornos mentales, como la depresión, se podían curar con sustancias químicas y preparados farmacéuticos capaces de restablecer el equilibrio del fluido nervioso. Hoy forman parte de nuestra cultura los farmacos contra la ansiedad o la depresión, la timidez o la hiperactividad.
El fue el primero que advirtió que el alma es carne que está en el cerebro. Y en cierto modo, se refería al hecho de que el alma se transforma en carne en el cerebro. Willis afirmaba que la memoria, la capacidad de aprendizaje y las emociones eran en realidad producto de los "átomos" del cerebro, de la química. Hubo grandes persecuciones contra filósofos, teólogos y científicos qiue profesaban ideas parecidas a las de Willis. Descartes, por ejemplo, sufrió el acoso de la iglesia, y Thomas Hobbes fue preseguido por los obispos de Inglaterra cuando declaró que la mente no era más que materia en movimiento. El caso de Thomas es distinto, porque el tuvo la precaución de dejar espacio a la noción cristiana del alma. El mismo era un cirstiano tremendamente devoto y no cuestionaba los conceptos básicos del cristianismo. El decía que había alguna especie de espíritu que iba desde el cerebro hasta los pies y una información en el cerebro que pasa de padres a hijos, que es lo que se llamaría información genética.
Otra idea pionera de Willis ataé a la posibilidad de curar mediante procesos químicos. El estaba plenamente convencido de que los fármacos y las manipulaciones físicas podían curar todas las enfermedades. Avanzó en lo que sería en el futuro la neurofarmacología.  Fue el primero en abordar las enfermedades mentales desde una perspectiva farmacológica. Para él, los trastornos del cerebro se podían corregir manipulando los "átomos" que lo componen.
Durante 300 años, la psicofarmacia fue más un sueño que una realidad. Con Sigmund Freud se impuso el psicoanálisis y se abandonó el uso de fármacos para tratar las enfermedades mentales. El resurgimiento de las drogas se produce después de la Segunda Guerra Mundial, cuando se empieza a usar la torazina y otros componentes químicos para mejorar determinadas dolencias. Los neurocientíficos descubrieron que estas drogas podían modificar la concentración de dopamina y de otros neurotransmisores. De pronto, pareció que sólo era cuestión de ajustar  los nieveles químicos, tal y como Willis había predicho.
La fluoxetina, más conocida con el nombre comercial de Prozac, se utiliza actualmente para tratar la depresión y el trastorno obsesivo compulsivo. Actua sobre el sistena nervioso central; concretamente sobre los niveles da serotonina. Se cree que la depresión está relacionada con un desequilibrio en los niveles de este neurotransmisor, de modo que un bajo nivel de serotonina entre las neuronas provoca la depresión. La fluoxetina evita que las células capten serotonina, de modo que la cantidad de neurotransmiso entre las neuronas sea mayor. 
Willis se había hecho rico con sus tratamientos, pero probablemente  no daría crédito a las cifras que estas moléculas movilizan hoy en día. Sólo los antidepresivos mueven más de doce mil millones de dólares en Estados Unidos.
Actualmente existen drogas para una gran cantidad de trastornos mentales. El modafinil mejor la memoria y levanta el ánimo; la ritalina suele utilizarse en niños con déficit de atención e hiperactividad. Hay drogas para dormir y drogas para mantenerse despierto.
En su búsqueda del alma, Descartes imaginó una estructura que lllamaba "la red extensa" (la materia) y, paralelamente, una organización que podría denominarse conciencia, alma o pensamiento. Estudió como la materia interactuaba con el alma y como el alma interactuaba con la materia. El lugar donde se producía esa interconexión según el, era la glandula pineal. Al igual que Willis y otros anatomistas y científicos, centraron el alma en carne o en el cuerpo.
En el siglo XVII, como señala Alvaro Martínez, historiador de la Ciencia en la Universidad Autónoma de Barcelona, los anatomistas realizaban disecciones y uno de los territorios que intentaban describir era precisamente el cerebro y todo el sistema nervioso. Su estudio fue revelando que existen unas configuraciones cerebrales concretas que sirven para determinadas acciones, y se van radicando o localizando los actos voluntarios en un lugar, las sensibilidades en otro...En definitiva, se van localizando y ubicando cada una de las facultades del cerebro, antes llamadas "facultades del alma".
En la actualidad se trata de localizar áreas cerebrales con muchísima exactitud, utilizando fundamentalmente métodos de estimulación eléctrica -y, en algunos casos, magnética para identificar áreas cerebrales. No todos los pacientes tienen las mismas áreas exactamente en las mismas regiones. Puede haber una variabilidad de medio centímetro o un centímetro en la localización de un área y es precisamente esta variabilidad la que se pretende conocer mediante las técnicas modernas: se trata de confeccionar un mapa cerebral. Mediante "mantas de electrodos" situadas sobre el cerebro de un paciente, y estimulando distintas zonas, se puede confeccionar un mapa cerebral, puesto que las respuestas químicas se registran en una unidad de video. Una vez que se confecciona el mapa del cerebro, los médicos y cirujanos pueden actuar sin dañar zonas que no tienen relación con su enfermedad y que deben quedar preservadas de cualquier intervención.
El alma está en las neuronas, el cerebro es física y química, pero las consecuencias de esos proceso físico-químicos son las ideas, y una idea recurrente entre los seres humanos es preguntarse si se mantiene algo despues de la muerte, Los hombres y las mujeres están dispuestos a admitir el carácter inevitable de la muerte, y no les importa en exceso que sus átomos se desconecten, pero a duras penas pueden entender que todo concluya ahí: ¿la idea del yo es tambien cerebral? ¿Es tambien material químico? ¿la idea del yo puede desaparecer del cerebro?
Carl Zimmer admite que "cuando observamos a alguien que padece la enfermedad de Alzheimer u otro tipo de daño cerebral, realmente puede verse cómo el yo de esa persona desparace: se destruye paulatinamente a medida que el cerebro se va destruyendo. Observando ese proceso, uno puede forjarse la ilusión de una muerte súbita y pensar que el alma o el yo se vaya a otro lugar, como a través de una puerta. Cuando se observa a alguien que tiene Alzheimer, lo que se aprecia es que el yo, simplemente, se desintegra". Lo que tambien puede apreciarse cuando se observan este tipo de dolencas es que el yo cambia ¿es que puede cambiar el alma? Una persona puede transformarse completamente si sufre una demencia. De hecho, pueden estudiarse los cerebros de estas personas y se puede observar que se han producido cambios físicos en el cerebro que, a su vez, cambian a la persona" confirma Zimmer.
Pero todavía quedan muchas cosas por entender. Como sugirío Einstein, la conciencia y el cerebro siguen siendo el gran misterio de la Humanidad."

EL ALMA ESTA EN EL CEREBRO, de Eduardo Punset, biblioteca redes:

 Gentileza de Loly Rivas














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La irritación



¿Qué clase de distorsión se produce a menudo cuando se está irritado?


La etiquetación.


Cuando describe a una persona con la que está furioso diciendo que es un “haragán”, o un “idiota”, o “una mierda”, la está viendo de un modo totalmente negativo. Podría llamar a esta forma extrema de la generalización excesiva “globalizante” o “monstruolizante”. De hecho, alguien puede haber traicionado su confianza, y es absolutamente correcto sentir resentimiento por lo que esa persona hizo. En cambio, cuando usted le pone una etiqueta a alguien, crea la impresión de que esa persona es esencialmente mala. Usted está dirigiendo su irritación hacia lo que la persona “es”.


Cuando cataloga a las personas de esta manera, enumera en su mente cada cosa que le disgusta (filtro mental) e ignora o disminuye las buenas cualidades (descalificar lo positivo). De este modo usted fija un falso objetivo para su ira. En realidad, cada ser humano es una compleja mezcla de atributos positivos, negativos y neutros.


La etiquetación es un proceso de pensamiento distorsionado que le hace sentirse indebidamente indignado y moralmente superior. Resulta destructivo construir su autoimagen de este modo: cuando usted se ponga a etiquetar inevitablemente se abrirá paso su necesidad de culpar a la otra persona. Su sed de venganza intensifica el conflicto y suscita actitudes y sentimientos similares en la persona objeto de su furia. La etiquetación funciona inevitablemente como una profecía que se cumple sola. Usted polariza a la otra persona y provoca un estado de guerra interpersonal.


¿A qué se debe realmente la batalla? A menudo se trata de la defensa de su autoestima. La otra persona puede haberlo amenazado insultandolo o criticándolo o no apreciandolo o no simpatizando con usted o no coincidiendo con sus ideas. En consecuencia, usted puede percibirse a sí mismo en un duelo de honor hasta la muerte. El problema aquí es que la otra persona no es una porquería totalmente inservible, ¡por mucho que usted insista! Y, además, no puede aumentar su propia estima denigrando a otra persona aunque temporalmente de buen resultado. En definitiva, solo sus propios pensamientos distorsionados, negativos, puede arrebatarle el autorrespeto. Existe sólo una persona y sólo una en el mundo que tiene el poder de poner en peligro su autoestima, y es usted. Lo que usted siente que vale puede disminuir únicamente si usted se menosprecia. La solución real es ponerle fin a su absurdo sermón interior.

La lectura de pensamiento

Usted inventa motivos que explican a su gusto por qué la otra persona hizo lo que hizo. Estas hipótesis suelen ser erróneas porque no describen los pensamientos y percepciones reales que motivaron a la otra persona. Debido a su indignación, puede suceder que no se le ocurra comprobar lo que está diciéndose a sí mismo.


Las explicaciones más corrientes que usted podría darse por la conducta objetable de la otra persona serían: “En el fondo es malo”; “Es injusta”; “El es así”; “Es estúpida”; “Tiene maldad”, etc. El problema con estas llamadas explicaciones reside en que son simplemente etiquetas adicionales que en realidad no proporcionan ninguna información válida. En realidad, son directamente engañosas.


Veamos un ejemplo: Joan se irritó cuando su marido le dijo que prefería mirar el partido de futbol que transmitían el domingo por tv en lugar de acompañarla a un concierto. Ella se sintió disgustada porque se dijo: ¡No me ama! ¡Siempre tiene que salirse con la suya! ¡Es injusto!
El problema con la interpretación de Joan es que no es válida. El la ama, y no siempre se sale con la suya, y no está siendo “injusto” intencionalmente. ¡Este domingo en particular juegan dos equipos importantes y él realmente desea ver el partido! No sería lógico que deseara vestirse y salir al concierto.


Cuando Joan piensa de ese modo tan ilógico con respecto a las motivaciones de su marido, crea dos problemas al precio de uno. Tiene que soportar la ilusión autogenerada de que no la aman, además vestirse y salir al concierto.


La magnificación


Si usted exagera la importancia de un suceso negativo, la intensidad y la duración de su reacción emocional pueden resultar completamente desproporcionadas. Por ejemplo, si está esperando el último autobús y tiene una cita importante, puede decirse: “¡No podré cogerlo! ¿No es un poquito exagerado? Puesto que va a cogerlo puede cogerlo, entonces, ¿por qué decirse a sí mismo que no puede? El inconveniente de esperar el autobús ya es bastante molesto sin necesidad de generar más incomodidad y autocompasión de este modo. ¿Realmente disfruta con esa manera de gruñir?


Los debería y no debería inadecuados


Cuando las acciones de algunas personas no son de su gusto, se dice a sí mismo que “no deberían” haber hecho lo que hicieron, o que “deberían haber” hecho algo que no hicieron. Por ejemplo, suponga que se registra en un hotel y descubre que han perdido la anotación de su reserva y ahora no tienen habitaciones disponibles. Usted insiste furiosamente: “¡Esto no debería haber sucedido! ¡Qué empleados tan estúpidos!”.


Lo que causa su cólera, ¿es la falta de alojamiento? No. La falta de alojamiento sólo puede generar una sensación de pérdida, decepción o inconveniencia. Antes de poder sentir ira, debe efectuar necesariamente la interpretación de que tiene derecho a obtener lo que quiere en esa situación. En consecuencia, considera que es una injusticia que hayan perdido su reserva. Esta percepción le hace sentir irritado.


Entonces, ¿qué es lo que está mal? Cuando usted dice que los empleados no deberían haber cometido ese error, está generando una frustración innecesaria consigo mismo. Es lamentable que hayan perdido su reserva, pero es muy improbable que alguno tuviera la intención de tratarlo injustamente, o que esos empleados fuesen especialmente estúpidos. Pero cometieron un error. Cuando usted insiste en querer que los demás sean perfectos lo que consigue es simplemente hacerse desdichado a sí mismo y quedarse inmovilizado. He aquí el quid de la cuestión: su irritación probablemente no hará que aparezca una habitación como por arte de magia, y el inconveniente de tener que ir a otro hotel le afectará mucho menos que el autocastigo que se puede inflingir a sí mismo pensando en la reserva perdida durante horas o días.


Las enunciaciones “debería” de tipo irracional se basan en el supuesto según el cual usted cree tiene derecho a obtener siempre una gratificación inmediata. De modo que las ocasiones en las que no consigue lo que desea le da un ataque de pánico o de rabia, porque adopta la actitud según la cual si no consigue X se morirá o se verá trágicamente privado de la felicidad para siempre (X puede representar amor, afecto, status, respeto, puntualidad, perfección, amabilidad, etc...). Esta insistencia en que sus deseos se vean gratificados en todo momento es la base de gran parte de esa cólera contraproducente. La gente que es proclive a la ira suele formular sus deseos en términos moralistas como éstos: “Si soy bueno con alguien, esa persona debería apreciarlo”.


Las demás personas tienen libre albedrío y suelen pensar y actuar de maneras que a usted no le gustan. Toda su insistencia en el sentido de que deben coincidir con sus deseos no producirá este resultado. Sucede más a menudo lo contrario. Sus intentos para coaccionar y manipular a la gente con exigencias coléricas con frecuencia la alienarán y la polarizarán y harán que tenga menos deseos de complacerlo. Y es así porque a los demás no les gusta que les controlen o dominen, como tampoco le gusta a usted. Su irritación sólo hará que se limiten las posibilidades creativas para resolver los problemas.


La percepción de una injusticia es la causa última de casi todos, o todos, los episodios de cólera. En realidad, podemos definir la cólera como la emoción que se corresponde exactamente con su creencia de que lo están tratando injustamente.


Ahora llegamos a una verdad que usted puede considerar una píldora amarga o una revelación iluminadora. No existe ningún concepto universalmente aceptado de la justicia. Hay una innegable relatividad de la justicia, así como Einstein demostró la relatividad del tiempo y el espacio.


Einstein postuló -y desde entonces se ha comprobado experimentalmente- que no hay “un tiempo absoluto” que sea uniforme en todo el universo. El tiempo puede parecer que se “acelera” o se “desacelera” y varía de acuerdo con el marco de referencia del observador. De manera similar, no existe una “justicia absoluta”. La “justicia” varía de acuerdo con el observador, y lo que es justo para una persona puede parecer injusto para otra. Incluso las reglas sociales y las críticas morales que son aceptadas dentro de una cultura pueden variar considerablemente en otra. Usted puede protestar diciendo que éste no es el caso e insistir en que su sistema moral personal es universal, ¡pero no lo es!.



LIBRO: SENTIRSE BIEN pág 158-161 / AUTORES: DAVID D. BURNS / EDIT. PAIDOS


domingo, 23 de noviembre de 2008

¿Cómo saber si la relación está en peligro?



 
Si la relación o el matrimonio no es satisfactoria y feliz, probablemente uno lo notará, a pesar de que algunas personas se convierten en expertas en bloquear esta situación de su consciencia. Si nota que alguno de los comportamientos de la lista siguiente empiezan a aparecer en su relación o en su matrimonio, tome cartas en el asunto inmediatamente.
 
Cuando usted o su pareja experimenta:
 

CAMBIO DE SENTIMIENTOS:
 
No se consideran el uno al otro divertidos o estimulantes.
No disfrutan la compañía del compañero tanto como antes.
Se siente bien en el trabajo, pero temen llegar a casa; no tienen ganas de verse.
Se sienten tensos con el compañero, y otras personas a menudo se sienten tensas cuando están con ustedes dos.
No siente nada con el otro miembro de la pareja.
Se sienten enfadados, hostiles, resentidos, frustrados, heridos, olvidados, rechazados, criticados, insignificantes, sin importancia o cualquier otro sentimiento negativo abrumador cuando se piensa o se está con el compañero.
Se tienen resentimientos que continúan tras cualquier desacuerdo.
Se empiezan a sentir como enemigos, no como amigos.
Ya no se siente enamorado del compañero o ya no siente amor por él.
Se tienen fantasías románticas o sexuales frecuentes con otras personas.
Se prefiere estar con otras personas que con el compañero.
 

CRISIS DE LA COMUNICACIÓN
 
Ya no hablan entre sí, o quizá nunca lo habían hecho.
Ya no comparten ideas, sentimientos ni sueños.
Se tiende a hablar de problemas, no de los buenos tiempos ni de ideas positivas.
Ya no se ríen estando con la pareja.
Se confía en otros más que en la pareja.
Se tienen dificultades en comentar problemas sin sacar a relucir desacuerdos pasados o sin acabar teniendo una discusión.
Se culpan el uno al otro por muchas cosas, incluso cuando está claro que no se es responsable del incidente en cuestión.
No se preguntan al otro su opinión respecto a cuestiones que afectan a la vida en común.
Las interacciones entre los dos son más negativas que positivas.
No se intenta llegar a un acuerdo al discrepar sobre alguna cuestión, sino que se insiste en el propio punto de vista de forma rígida e inflexible.
Raras veces se dicen "Te quiero".
 

CAMBIOS DE ACTITUD
 
Se es menos considerado, atento o tolerante.
Se es más impaciente, maleducado, sarcástico y no se muestra respeto por el otro.
Se lucha para controlar al otro.
Se sienten celos del compañero.
Se mide al compañero mas por sus errores que por sus aciertos.
 

CAMBIOS DE COMPORTAMIENTO
 
Se tocan menos el uno al otro.
No mantienen relaciones sexuales nunca o lo hacen con mucha menor frecuencia.
Existe abuso físico, sexual o emocional del compañero o de otra persona.
 

FALTA DE CONFIANZA Y LEALTAD
 
Se habla sobre el compañero a otra gente.
Se critica y menos precia al otro delante de otras personas.
Se bromea a costa del compañero, a menudo delante de otras personas.
No se confía en que el compañero proteja los intereses de uno.
Se engaña al compañero o piensa que el compañero le está engañando.
Se miente al compañero o se cree que el compañero le está mintiendo.
 

FALTA DE SOLIDARIDAD
 
No se presenta un frente unido ante los niños.
Se permite que otras personas, por ejemplo, amigos o familia, se entrometan en la relación.
Las interacciones en el seno de la pareja deberían ser positivas y felices la mayor parte del tiempo. Tan pronto como esto empiece a cambiar, tome medidas para mejorar su matrimonio sin más dilación.
 
 
Secretos para salvar un matrimonio o una relación con problemas.

El primer paso que se debe dar para salvar un matrimonio o una relación que tiene problemas es reconocer las señales que alertan de que algo va mal. Si ha notado alguno de los signos que aparecen en la lista anterior, escríbanos en su Libreta de Relaciones. A continuación, haga una lista de los problemas y desacuerdos mayores. Si no sabe qué es lo que va mal, escriba cualquier cosa que se le ocurra.  ¿Qué piensas y que siente?

Es necesario escribir después lo que parece estar causando cada problema. Si ha escrito algo negativo acerca de su pareja, ¿es él/ella realmente quien está causando ese problema?, ¿Es quizá la escasa comunicación que hay entre los dos? ¿Oh el problema se debe a otra persona pero se culpa a la pareja porque es más conveniente? A menudo, se culpa a la pareja cuando de hecho se está enfadado con otra persona, pero uno no siente capaz de expresar este enfado a la persona en cuestión.
 

Dr Tomás Angulo M
Especialista en Terapia de Pareja
Master en Sexualidad Humana
 
 
 
 
 

viernes, 21 de noviembre de 2008

La soledad (por Hector)



La soledad es una experiencia por la que todos deberíamos pasar. Nos recuerda que somos responsables por nuestra vida, nos devuelve nuestro poder personal. 

En la soledad se produce el verdadero encuentro con nosotros mismos, quizás por eso la evitamos tanto.  Cuando nos sentimos solos, es cuando nos obligamos a descubrir lo que tenemos, porque ya nadie viene a ofrecerlo. Y cuando estamos solos y nos sentimos plenos, es quizás cuando finalmente nos damos cuenta lo que tenemos, quienes somos y hacia adónde vamos. Ese es el aprendizaje. 

La soledad llega cuando nos atrevemos a soltar aquello que ya no nos pertenece, que hemos usado de protección o seguridad, tanto emocional, económica o física, y sabemos que estamos listos para asumir responsabilidad por nosotros mismos. Generalmente llega por la ausencia de una persona, pero el vacío con que se manifiesta también puede ocurrir cuando dejamos un trabajo (o nos dejan ir…) o cuando las condiciones de una situación que nos traía seguridad cambian. 

Hay que decir que recibir y aceptar la soledad es de valientes. Si queremos soltar lo que ya no es nuestro, pero no estamos decididos a asumir nuestro propio poder, seguiremos buscando la seguridad en otro, en otra cosa, en otros, en muchas cosas…! 

En la soledad no es necesario sentirse solo, aunque es posible que ocurra cuando no sabemos qué hacer. Sentirnos solos es al aviso de que estamos a punto de descubrirnos, es la hora antes del amanecer. Y cuando estamos a punto de descubrirnos, por temor, renunciamos  a la búsqueda interna y nos perdemos otra vez buscando afuera que alguien o algo llegue a decirnos que hacer. Y nos volvemos a perder. 

Esta semana, les propongo jugar el juego de la soledad. 

Preguntémonos: ¿Qué sería de mi sin esta persona?, ¿Cuán segura seria mi vida sin este trabajo?, ¿Me puedo imaginar decidiendo por mi mismo sin esperar la aprobación de alguien?, ¿Cómo lo paso cuando estoy solo? Sólo por enumerar algunas. Todas nos llevarán a conocer el sabor de la soledad, que primero sabe amargo, pero de a poco va soltando su dulzura. 

Si estamos acompañados pero nos sentimos solos, este el momento de soltar. Si estamos solos y nos sentimos tristes, este el momento de dejar de buscar afuera. Si estamos solos y nos sentimos felices, quizás sea el momento de recordar que también podemos ser felices con alguien. 

Y si estamos felices de todas maneras, es porque hemos pasado el test de la soledad: alguna vez la hemos recibido, la aceptamos, nos hicimos responsables, nos descubrimos, nos aceptamos y dejamos de buscar afuera. Y desde ese momento, todo llegó. 

Los Saluda con Cariño 
 

Gentileza de Karla Yadira



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La desaparición de la infancia


Dicen que la “infancia” nació a finales de la Edad Media. Antes, los niños eran partícipes de todo lo que sucedía en su comunidad, no había secretos ni vergüenza ni razones para separar a los grupos sociales por edades. Con el advenimiento de la imprenta, entre otros factores, la niñez se reconoció como entidad distinta y los niños fueron percibidos como criaturas especiales con necesidades propias. Surgió, pues, una nueva especie llamada infancia.

Para Neil Postman (La desaparición de la infancia) y otros especialistas, hoy presenciamos otra vuelta de tuerca. John Irvine menciona “signos” del fenómeno en Occidente: “La inocencia infantil es remplazada por la imagen de jóvenes precoces; la ropa distintiva de los niños está desapareciendo; los juegos infantiles son menos evidentes; el rango de delincuencia juvenil crece drásticamente; cada día más niños y jóvenes beben y se drogan como los mayores; los niños son los modelos mejor pagados; el niño cada día está más adultizado”. Marie Winn (Niños sin infancia) explica que esta nueva era se mueve en la creencia de que la niñez debe estar expuesta tempranamente a la experiencia adulta en orden a sobrevivir.

La realidad de muchos niños en nuestro país hace más evidente la desaparición (forzada) de la infancia. Y hoy, que se celebra el Día Mundial para la Prevención del Abuso Infantil, creado por la Cumbre Mundial de Mujeres, las cifras lo expresan: Más de 3.6 millones de niños de entre seis y 14 años trabajan en lugar de ir a la escuela; la mitad lo hace en el campo (sólo en Nayarit, 14 mil niños indígenas son jornaleros agrícolas); 32 por ciento de los pequeños de seis a nueve años han sufrido violencia en la escuela y 28 por ciento la han padecido en el hogar (Unicef).

Sólo en el Distrito Federal se reciben a diario entre 30 y 40 quejas sobre maltrato infantil y, según el DIF, el promedio de violaciones a menores de 18 años es de más de siete mil al año. La iniciativa del decreto para reformar el Código Penal del Distrito Federal y la Ley de Atención y Apoyo a las Víctimas del Delito, siguen en espera de su aprobación en la Asamblea Legislativa.

Las 250 mil niñas y mujeres prostituidas en la Ciudad de México (empezaron a sufrir estas prácticas entre los 12 y los 13 años); los 80 mil menores víctimas de abuso con fines de pornografía y comercio sexual en el país; los 10 mil 500 jóvenes (de entre 14 y 21 años) que intentaron suicidarse en 2007 y los 3 mil 500 que lo consumaron, piden a gritos políticas públicas de prevención.

O una vuelta a la Edad Media sin infancia y un adiós al sueño de Hölderling: “Que el hombre mantenga lo que de niño prometió”.

adriana.neneka@gmail.com


http://www.milenio.com/node/116798

Gentileza de Silvia Lommi

martes, 18 de noviembre de 2008

Así es el amor...



Todo parecido con la realidad es pura coincidencia..






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