lunes, 16 de noviembre de 2009

Cerebro y emociones.


Descripción: El cerebro sintiente.








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Atapuerca. La evolución del lenguaje.


Descripción: Entrevista a Ignacio Martínez Mendizábal, es profesor titular de Paleontología de la Universidad de Alcalá. Investigador y Coordinador del Área de Evolución Humana del Centro UCM-ISCIII de Evolución y Comportamiento Humanos.







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Ciencia para escuchar


Cienciaes.com es una idea del físico y divulgador científico Ángel Rodríguez Lozano para llegar a todo aquel que sienta inquietud por el estudio de la Naturaleza y las leyes que la gobiernan.

Los últimos avances de la investigación científica, los retos de la tecnología, la historia de la ciencia tendrán cabida en este espacio, explicados de forma amena y rigurosa.






6 Programas (podcast)


Paco de León te acerca al mundo de la ciencia desde la divulgación y con las aplicaciones prácticas y cotidianas de los grandes descubrimientos. Este espacio divulgativo acerca los avances cientí ficos al ciudadano de la calle. Con explicaciones comprensibles y haciendo hincapié en los aspectos más curiosos, se trasladan a la audiencia las aplicaciones prácticas y cotidianas de los grandes descubrimientos.






Descripción del podcast de A hombros de gigantes:

A HOMBROS DE GIGANTES es un programa de divulgación científica en RNE dirigido y presentado por Manuel Seara Valero. Es un espacio pegado a la actualidad con los hallazgos más recientes, las últim as noticias publicadas en las principales revistas científicas, y las voces de sus protagonistas… Pero también es un tiempo de radio dedicado a nuestros centros de investigación, al trabajo que llevan a cabo y su repercusión en nuestra esperanza y calidad de vida."A hombros de gigantes" es una de las frases más legendarias de la Ciencia. Fue escrita por Isaac Newton en una carta a Robert Hooke, hacia el año 1675. Newton se encontraba enzarzado con Hooke en polémicas epistolares acerca de la famosa 'Ley de la gravitación universal', y escribió "Si he visto más lejos es porque estoy sentado sobre los hombros de gigantes", en clara referencia a científicos de la talla de Kepler, Copérnico o Descartes.









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domingo, 15 de noviembre de 2009

Etapas de desarrollo Piaget



Piaget señaló cuatro etapas en el desarrollo del niño. Creo que aproximarnos a estas cuestiones es una herramienta importante para los educadores y psicólogos, pero también para los padres.

Piaget fue un importante psicólogo evolutivo suizo que vivió en el siglo pasado y que revolucionó el estudio de las etapas del desarrollo cognitivo de los niños ofreciendo, con ello, una base en la que sustentar cualquier acción educativa.

Quien estudia a Piaget nunca podrá contemplar a su hijo igual que antes y entenderá mejor como aprende y que puede respetarlo más conscientemente, a través del conocimiento.Jean Piaget denomino a su teoría, constructivismo genético. En ella explica el desarrollo de los conocimientos en el niño como un proceso de desarrollo de mecanismos intelectuales.

Su teoría se llama Constructivismo Genético y reconoce una serie de etapas que pueden generalizarse en los niños.






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sábado, 14 de noviembre de 2009

RECONOCER LOS SENTIMIENTOS DE LAS VÍCTIMAS DE ABUSO PSICOLÓGICO


El policía se encuentra frecuentemente en su trabajo diario con mujeres víctimas de abuso verbal. Cuando el policía se entrevista con estas mujeres puede tener dificultades para reconocer el abuso psicológico, ya que la negativa de la propia mujer a reconocerlo es frecuente. A continuación se detallas algunas características a tener en cuenta durante la entrevista con la mujer maltratada o que sospechamos sea objeto de maltrato psicológico.

Recordemos que los sentimientos que encontraremos en estas situaciones son muchos y contradictorios: por un lado, la mujer es consciente del maltrato al que es sometida y quiere acabar con él, quiere hablar sinceramente con el policía. Por otro, sentimientos de culpabilidad y dependencia pueden hacer que la mujer disculpe el comportamiento de su pareja, incluso que se autorresponsabilice de lo que ocurre.

Responsabilidad e incapacidad. La víctima se siente culpable de los problemas existentes en la relación y de la agresividad mostrada por sus parejas. La mujer se siente responsable de la situación que padece y hace todo lo posible para tratar de comprender el comportamiento del abusador. Cuando no consiguen comprender este comportamiento de su pareja, el por qué se comporta así, entonces comienza a experimentar sentimientos de impotencia.

Determinación y frustración. Las víctimas siempre intentan comportarse de la manera más complaciente con el abusador para evitarse problemas y, también, con el objetivo de que la relación mejore. Han aprendido que cuando expresan lo que realmente piensan o sienten, el maltratador las anula y experimentan frustración. Esta frustración no se transmite mediante la ira, sino que todavía redoblan los esfuerzos de la mujer por comprender y ser comprendida.

Responsabilidad e incapacidad. Las víctimas suelen sentirse responsables del funcionamiento de la relación y de la ira de su pareja. Los sentimientos de responsabilidad se alternan con los de incapacidad cuando la víctima no puede lograr que el maltratador cambie su actitud o le comprenda, o bien cuando ella no puede comprenderlo a él o lo que realmente quiere.

Determinación y frustración. Las víctimas intentan expresarse de la mejor manera posible para evitar conflictos, pero cuando manifiestan lo que realmente quieren o piensan el abusador las anula. Todo ello genera frustración.

Afecto y rechazo. La mujer no puede compartir ni expresar sus alegrías y placeres, puesto que él puede enojarse cuando ella piensa que debería sentirse complacido. Una sensación que experimentan frecuentemente las víctimas es la de haber dicho o hecho algo que fue mal. La indiferencia, la crítica y el desprecio del maltratador, son vistos como un rechazo, como si la pareja no cumpliera con las expectativas de él. La mujer deja de tener valor. El rechazo intermitente crea confusión.

Esperanza y decepción. Las víctimas tienen la esperanza de un cambio, de que la relación mejorará con el tiempo. Piensan que será difícil, pero que al final llegarán a acuerdos consensuados y serán felices. Confían en que el maltratador se terminará dando cuenta de que hace daño, de que hiere … y dejará de hacerlo, puesto que dice que la quiere. Al alentar las esperanza de la víctima, ésta sufre continuas decepciones.

Felicidad y tristeza. La pareja se siente feliz cuando el abusador parece comprenderla y escucharla. Pero cuando la víctima se da cuenta de que él no la ha entendido, le grita, la acusa o la desmerece, entonces le invade un sentimiento de tristeza.

Seguridad y miedo. Al inicio se cree en un posible cambio, pero cuando la mujer se da cuenta de que éste va a ser imposible, ya que el abuso se intensifica, entonces la víctima empieza a temer al abusador. Llega a temer el enfado y la impredecibilidad. Al mismo tiempo, tiene miedo a perder el amor del maltratador y la seguridad que creía tener en la relación.

Serenidad y sorpresa. La pareja de un abusador verbal se siente sorprendida cuando éste le grita, la desmerece, la ridiculiza o se enfada súbitamente. Lo inesperado del abuso verbal parece aislar cada incidente en la mente de la víctima, como si no tuviera relación con otros episodios anteriores. Cada situación parece tener una causa diferente y la mujer suele recuperar la serenidad entre un incidente y otro.

Confusión. La víctima es incapaz de observar con claridad la situación real que está viviendo, debido a su baja autoestima.

No es tarea fácil reconocer el abuso verbal o psicológico. La manera en que se produce puede generar en el policía más dudas que respuestas. Ya decimos que la actitud de negación de la víctima dificulta la investigación y nos devuelve al punto de partida. Pero conocer estas características noz puede ayudar a comprender mejor en qué fase se encuentra la mujer maltratada psicológicamente y actuar en consecuencia.







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Sobre las adicciones

Primera Parte



Segunda Parte



La sensación de bienestar o placer que produce el consumo de algunas sustancias es provocada por transformaciones bioquímicas en el cerebro, de tal manera que la ausencia de consumo provoca el efecto contrario: malestar generado por la carencia de químicos que alivien la tensión.

El placer que provoca la sustancia al adicto es poco duradero y según transcurre el tiempo, el placer es menor. Esta insensibilización progresiva se denomina tolerancia. Si las drogas se usan como un escape de problemas que no se saben resolver, la probabilidad de adicción es mucho más alta que si es por motivos lúdicos. Aunque siempre hay, en mayor o menor medida, algún tipo de riesgo.

El alcoholismo es una dependencia con características de adicción a las bebidas alcohólicas.

El tabaquismo es la adicción al tabaco provocada, principalmente, por uno de sus componentes activos, la nicotina; la acción de dicha sustancia acaba condicionando el abuso de su consumo.

La drogodependencia o drogadicción es un tipo de adicción considerada como enfermedad crónica, recurrente y tratable que consiste en el abuso de drogas, frecuentemente ocasiona daños en la salud.

Adicciones relacionadas con actividades

  • Codependencia (adicción a los demás y/o sus problemas)
  • Ludopatía (adicción a jugar)
  • Cleptomanía (adicción a robar)
  • Mitomanía (adicción a mentir)
  • Adicción al sexo
  • Adicción al trabajo
  • Toxicomanía
  • Ciberadicción
  • Ciberadicción
  • Tolerancia (definida por los siguientes criterios):
  • Necesidad de incrementar las cantidades de tiempo conectado a Internet para lograr la satisfacción.
  • Disminución del efecto con el uso continuado de similares tiempos de conexión.
  • Abstinencia, manifestada por las siguientes características.
  • Síndrome de abstinencia.
  • Reducción o cesado del tiempo de conexión (cuando se han dado períodos de tiempo prolongados de uso intenso).
  • Dos o más de los siguientes síntomas aparecen después de unos días y hasta un mes después de haberse producido el punto anterior.
  • Agitación psicomotriz.
  • Ansiedad.
  • Pensamientos recurrentes acerca de lo que estará ocurriendo en Internet.
  • Fantasías o sueños acerca de Internet.
  • Movimientos voluntarios o involuntarios similares a los que se efectúan sobre un teclado.

Los anteriores síntomas producen malestar o deterioran las áreas social, ocupacional o cualquier otra área vital.

El uso de Internet o de otro servicio on-line es preciso para aliviar o suprimir los síntomas abstinenciales. Se accede a Internet mas a menudo o durante períodos de tiempo mas prolongados de los que se había planeado.

Existen propósitos persistentes e infructuosos de suprimir o controlar el acceso a la Red.
Se invierte una cantidad de tiempo notable en actividades relacionadas con Internet, (adquisición de libros, pruebas de nuevos browsers, organización del material descargado, etc.).

Las actividades sociales, profesionales o de recreo disminuyen o desaparecen a causa del uso de Internet.

Se permanece conectado a pesar de saber que ello supone un problema persistente y recurrente de tipo físico, social, laboral o psicológico (privación de sueño, conflictos matrimoniales, negligencia laboral, sentimientos de abandonar a los seres queridos...).

Aún no existe un perfil bien definido del adicto a Internet. En general, se trata de sujetos jóvenes, preferentemente varones, con un elevado nivel educativo y cultural habilidosos en el uso de la tecnología informática. Se especula con la existencia de un subgrupo de usuarios caracterizado por la timidez, que encuentra en el ciberespacio la posibilidad de liberarse de la ansiedad producida por las relaciones sociales cara a cara, ganando en autoconfianza, dado el relativo anonimato que proporciona Internet.






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domingo, 8 de noviembre de 2009

La Caída podría tener una interpretación antropológica


Un nuevo libro propone al clima como factor del cambio humano relatado en la Biblia

En sintonía con la tesis de Panikkar, el británico Steve Taylor (en su libro La Caída, cuya traducción española ha publicado muy recientemente Ediciones La Llave de Vitoria) defiende la teoría de que hace seis milenios la Humanidad experimentó un cambio que él considera más patológico que otra cosa: en diferentes zonas del planeta, un súbito escalón climático que implicó la implantación de condiciones medioambientales de extrema aridez, empujó al homo sapiens –heroico superviviente de varias glaciaciones– a experimentar una transformación psico-sociológica que trastocó radicalmente su manera de relacionarse con la Naturaleza y con sus semejantes. Dicha transformación propició el surgimiento de lo que entendemos por civilización, pero la visión de Taylor sobre este suceso es muy diferente de la habitual: el resultado principal del proceso fue la hipertrofia enfermiza del Yo Separativo. Por José Luis San Miguel de Pablos.



¿Por qué nació la filosofía -al menos, la occidental- como filosofía de la naturaleza? La más obvia respuesta es que los hombres se interrogaban por lo que percibían. A su alrededor y también en sí mismos (sus propios cuerpos). Pero ¿sólo percibían? No, lo que hacían era algo más fundamental: vivían. Y adelantemos ya una propuesta básica: vivir es ser naturaleza.

La pregunta pertinente es, por tanto, otra: la autonomización del pensar con respecto al vivir, de la que tantos se sienten orgullosos, y que consideramos, seguramente con razón, la condición sinequanon del nacimiento de la filosofía y de la ciencia, ¿es un gran paso evolutivo o una desviación patológica? ¿O quizás ambas cosas?

Insiste reiteradamente Raimon Panikkar en una opinión que algunos perciben como insufriblemente escandalosa: la Humanidad ha podido errar gravemente el camino, pero no sólo en las últimas centurias, poniendo en marcha una revolución tecnocientífica e industrial que la sensibilidad ecológica creciente enjuicia hoy con mirada severa, sino desde los mismos albores de la civilización. Sería la apuesta por “sólo pensamiento” –crecientemente desligado de la afectividad, del sentimiento– la que, al promover la hipertrofia de la función psíquica (Jung) del mismo nombre, habría sido causa de un tremendo desequilibrio en el homo sapiens, de un desequilibrio que ha acabado por “salpicar” a la naturaleza terrestre entera.

El mundo del hombre, al ser ante todo representación, producto de su actividad pensante, ha ido separándose cada vez más del Mundo como realidad englobante, o lo que es lo mismo, de la Naturaleza. Pero es que, además, ese mismo hombre ha procurado por todos los medios que ese mundo representacional suyo se transformase en “el mundo”, en el único mundo, con el resultado del galopante encerramiento solipsista del sujeto humano, así colectivo como individual.

El Mito del Paraíso y la Caída

En el corazón, casi en el arranque, del mito bíblico fundamental, se encuentra el Paraíso. Es casi una obviedad decir que el mismo se refiere al estado protohumano de armonía fusional en y con la Naturaleza. Pero ¿qué puede decirse de la “desobediencia” y del “pecado” que ponen término abruptamente al estado paradisíaco?

El secuestro por las ortodoxias monoteístas de este antiguo relato de la tradición semítica, dotado de todo el potencial iluminador de los Grandes Mitos, ha dificultado sin duda el despliegue de dicho potencial, que sólo una mirada interpretativa libre de servidumbres (religiosas o antirreligiosas) está en condiciones de llevar a cabo.

De hecho, no es difícil… ¿Cuál puede ser el sentido de “ceder a la tentación de comer el fruto del arbol de la ciencia del bien y del mal”? Obviamente, sustituir la plenitud paradisíaca de vivir en comunión por el fin alternativo de conocer desde la separación; conocer para igualarse –desde la infinita distancia de una alteridad radical- a un dios personal, para estar en condiciones de hacer y deshacer como él, tan a su antojo como él…

El Poder por encima del Bien.

La caída antropológica

En sintonía con la tesis de Panikkar, el británico Steve Taylor (en su libro La Caída, cuya traducción española ha publicado muy recientemente Ediciones La Llave de Vitoria) defiende la teoría de que hace seis milenios la Humanidad experimentó un cambio que él considera más patológico que otra cosa: en diferentes zonas del planeta, un súbito escalón climático que implicó la implantación de condiciones medioambientales de extrema aridez, empujó al homo sapiens –heroico superviviente de varias glaciaciones– a experimentar una transformación psico-sociológica que trastocó radicalmente su manera de relacionarse con la Naturaleza y con sus semejantes.

Dicha transformación propició el surgimiento de lo que entendemos por civilización, pero la visión de Taylor sobre este suceso es muy diferente de la habitual: el resultado principal del proceso fue la hipertrofia enfermiza del Yo Separativo, que en gran medida aisló psicológicamente a los individuos y los enfrentó entre sí –lo que se manifestó en un gran incremento de la violencia y el afán de dominación– así como al conjunto de éstos con el entorno. Este acontecimiento sobrevenido en un tiempo relativamente corto, provocó la eclosión de una avalancha de rasgos característicos –positivos y negativos– del hombre civilizado.

Esta novedosa visión de la Caída bíblica es, a mi modo de ver, muy interesante. Se adivinan, no obstante, dos grandes líneas de crítica oponiéndosele. La primera, proveniente de la(s) ortodoxia(s) religiosa(s), haría referencia a la desacralización del misterio de la Caída y el Pecado Original. Lo delicado de tocar un tema teológico no basta para disuadirme de hacer un breve comentario al respecto. Si nadie mínimamente serio defiende ya, en el ámbito cristiano y menos aún católico, la literalidad de “Adán y Eva”, si la gran mayoría de los creyentes admiten hoy –muchos incluso con entusiasmo y haciendo incluso importantes aportaciones– la evolución de la vida y su principal desembocadura planetaria en el género Homo, ¿en qué quedan el Paraíso y la Caída?

Ante los textos básicos de las grandes religiones monoteístas se dan clásicamente dos posicionamientos: aceptarlos literalmente o rechazarlos sin contemplaciones. Y sin embargo, lo sucedido con “Adán y Eva” y con “los Seis Días”, a partir de la interacción ciencia-religión producida desde hace más de un siglo, debería mover a una reflexión de mucha mayor amplitud y calado que las habituales. El Paraíso y lo que se nos cuenta que en él sucede es, en todo caso, in-te-re-san-tí-si-mo, por más que “nada fuera así exactamente”…, una apreciación que deja flotando una cuestión importante: ¿pueden transmitir los mitos, en cuanto tales, mensajes verdaderos?

Sentido esencial del mito

Al enfocar la Caída bíblica como un Gran Mito (¿y qué otra cosa podría ser un relato cuyo eje central es “la prohibición de comer el fruto del Árbol de la ciencia del Bien y del Mal”?) cabe preguntarse por su sentido esencial, respetando en todo caso la apertura que es consustancial al lenguaje mítico, y que ninguna interpretación es capaz de clausurar.

Lo que se capta, partiendo de tal aproximación, es la eclosión de una problematicidad antropológica severa ligada a la pulsión cognitivo-egótica –y por ende controladora– del ser humano. Pues cualquier lector desapasionado del primer capítulo del Génesis se da cuenta enseguida de que la problematicidad que provoca la Caída no está “abajo” (en la sexualidad) sino “arriba” (en la cognitividad), asociándose a la pulsión de querer controlarlo absolutamente todo, hasta las causas finales últimas.

La segunda línea de críticas a la recuperación aconfesional de la Caída que propone Taylor, vendrá sin ninguna duda del orbe racionalista. ¿Qué valor puede tener un mito hebreo para el incremento de nuestro conocimiento antropológico? Pero es que no se trata sólo de un mito hebreo… Una variación sobre el mismo tema la constituye la referencia reiterada a una Edad de Oro en la que los seres humanos eran mejores que los actuales. Esta creencia estaba amplísimamente extendida en la Antigüedad, así en Occidente (Grecia) como en Oriente (la India).

El primer romántico, Jean-Jacques Rousseau, apostó fuerte, hace ahora dos siglos y medio, por el “buen salvaje”, y la visión que el filósofo ginebrino tenía de los “primitivos” coincide en buena medida con la que tiene Taylor de la “humanidad pre-caída”. Sin embargo, esta concepción, lo mismo que la teoría rusoniana del buen salvaje, no puede ser asumida sin más, dado que cualquiera puede objetar que la violencia, la crueldad y las desigualdades lacerantes han estado presentes siempre; pero ¿lo han estado de la misma manera y en igual medida que a partir del surgimiento de las civilizaciones urbanas e imperiales?

Dudas sobre Rousseau

Eso, Taylor lo pone radicalmente en duda, y lo cierto es que un dato como el de la construcción de las pirámides con el fin de eternificar la individualidad de un soberano, instrumentalizando a tal efecto una masa enorme de población y de recursos, apunta en el sentido de apoyar fuertemente la verosimilitud de que la explosión del ego sea la clave de la Caída.

El tema de fondo que Taylor pone sobre la mesa es de enorme relevancia, más allá de que se esté o no de acuerdo con la explicación, quizás algo simplista, que propone sobre las causas de la Caída. ¿La psicología “normal” del ser humano, tal como ha llegado a ser, junto a sus consecuencias de todo tipo, es la única posible, antropológicamente hablando? Si en lugar de contemplar el mito de la Caída a través del prisma de la idea de pecado, se entiende como un proceso adaptativo, sólo a medias exitoso, o lo que es lo mismo, con facetas positivas pero también con otras negativas –incluso algunas superlativamente-, ¿no podría este enfoque desbloquear la vitalidad reprimida, la capacidad movilizadora y transformadora, de un mensaje francamente provocador que ha llegado hasta nosotros salvando el abismo del tiempo?

Hoy contamos con un espejo que no teníamos (o del que más bien apenas éramos conscientes) hace tan sólo unas pocas décadas. El espejo en cuestión no es otro que nuestra enorme dificultad para relacionarnos saludablemente con la Naturaleza. “Algo va mal” o “algo nos falta” si nuestro bienestar individual tiene que pagar el precio de la extrema degradación, o incluso la destrucción, del entorno matricial que precisamos imperativamente para vivir una vida armoniosa. Pondré el ejemplo cercano de nuestras costas: kilómetros y kilómetros de la vital interfacies tierra-mar aniquilada -a efectos de interacción ecológica- por el afán de poseer individualmente, los unos, un pedacito de costa, y de embolsarse más y más dinero, los otros, los especuladores.

Indicios de cambio

Pero ¿hay alguna señal que apunte a una reacción sanadora? Taylor cree que sí, y el autor de este artículo también lo piensa. La lista de indicios es larga, desde las declaraciones de derechos humanos hasta el fin de la esclavitud y el colonialismo, desde el incremento de la sensibilidad ecológica (partiendo prácticamente de cero) hasta la creciente compasión y afecto por los animales, desde la valoración también del aspecto emocional de la inteligencia hasta el reconocimiento de la igualdad de capacidades y derechos de la mujer con repecto al varón… Claro está que más se trata de tendencias que de realidades plenas, que por lo demás están muy desigualmente repartidas geográfica y culturalmente, pero aún así, la comparación con tiempos pasados no deja lugar a dudas.

La crisis económica mundial iniciada hace un par de años habría podido ser una oportunidad excelente para impulsar la reacción sanadora de que estamos hablando. No parece, sin embargo, que esté siendo así… Los líderes mundiales y los poderes internacionales reales se han decantado visiblemente por dejarlo todo igual, salvo pequeñísimos retoques, y la actitud generalizada de nuestras sociedades es seguir la misma tónica continuista.

Pero desde luego no es sorprendente: si Taylor tiene razón, el aspecto patológico de aquel proceso remoto que cambió a la Humanidad debe de estar tan profundamente enraizado en nosotros que superarlo no puede resultar fácil en modo alguno. Pero ¿es posible, al menos? Seguramente sí, aunque los sermones new age, por bienintencionados que sean, no sirven de gran cosa.

El cambio climático, impulsor

Más me inclino a creer que el magisterio de la realidad, de la dura realidad, será a la postre lo decisivo, ya que los trastornos obsesivo-compulsivos (y el pathos de la Humanidad civilizada se les asemeja mucho) no son fáciles de curar. Tendrá que ser el afrontamiento, práctico y en el día a día, de las grandes dificultades materiales que sin duda traerá el cambio climático -que, como últimamente no deja de repetir James Lovelock, es ya, en lo esencial, imparable- lo que nos obligue a vivir nuevamente de verdad nuestras vidas, en presente y sin pantallas ideológicas, teoricistas, discursivas, etc.

Lo que, para sobrevivir, nos obligue a superar la disociación entre el vivir y el pensar que está en el origen de ese “malestar” profundo y permanente del que también habla Taylor en el libro que comentamos, y que –desde Sigmund Freud hasta Fernando Pessoa – tantos intelectuales han evocado.


José Luis San Miguel de Pablos, Universidad Comillas, colaborador de la Cátedra CTR

Fuente: Tendencia21






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